En este preciso instante

La relación con ese electrodoméstico audiovisual conocido como televisión se asienta en la cotidianeidad, en la rutina de los programas diarios y semanales, en la oferta inagotable del cable, en la repetición de dibujitos y películas, en las horas intercambiables que muchos pasan expuestos a la radiación de los rayos catódicos. Sin embargo, al inventariar los recuerdos más indelebles experimentados frente a la caja chica, es fácil caer en la cuenta de que son, casi todos, momentos en los que la televisión suspendió su normalidad como difusora de los más variados contenidos para transmitir, en vivo y en directo, desde el lugar de los hechos, imágenes y audio en forma instantánea. Mi primer recuerdo político, en efecto, es un montaje caótico del copamiento de La Tablada, que seguí en vilo durante horas una tarde de enero, sobre el que se imprimieron los saqueos a los supermercados en la debacle alfonsinista meses después, como si todo hubiera ocurrido en un mismo fatídico e interminable día de 1989. También resultan indistinguibles los recuerdos televisados de los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA: la operación de rescate entre los escombros, el conteo de las víctimas, las especulaciones sobre el coche bomba… Son, todos, estados de excepción en los que la televisión revela su verdadera cualidad distintiva como medio de comunicación. ¿Cuántos televidentes tuvieron los sucesos de diciembre de 2001? ¿Y los atentados del 11 de septiembre? ¿Y el incendio de Cromañón? ¿Y la muerte de Néstor Kirchner? A pesar de las diferencias, la situación pareciera ser la misma: la tele sigue prendida aunque las horas pasen y el parloteo incesante de los conductores no agregue nada. Era el modo pre-Internet más eficaz de satisfacer la necesidad de estar conectado en tiempo real para permitirle al ciudadano de baja intensidad sentirse parte sin ser partícipe: encender con el control remoto una vela en el altar privado de la cocina, living o habitación.

Publicado en un especial sobre televisión argentina de Revista Ñ en 2011.

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