Puro fluir de intensidades

“El cuento liberado de su clásica estrategia se convierte en un puro fluir de intensidades. Una idea narrativa, por banal que sea, se convierte en un impulso de avance que adquiere espesor en la prosa, hace proliferar las acciones o se detiene en los mínimos detalles. Así funciona Frío en Alaska (Eterna Cadencia, 2008), de Matías Capelli. Lekman, el protagonista, narra el modo en el que imagina la vida de su ex pareja, Fernanda, que reside temporalmente en Leeds con la beca de su tesis sobre arte. Los tickets que ella le manda periódicamente para rendir sus gastos son el medio con el que Lekman trata de reconstruir la vida que ya no comparten. La relación con su madre y la familia de su nuevo esposo, una noche pasada en vela, el divagar de las anécdotas en los cuatro relatos va desdibujando lentamente la causalidad hasta que en el cuento final, “Frío en Alaska”, que narra un viaje a una salina en el altiplano, la realidad, el recuerdo y el sueño son ya indiscernibles.”

Fragmento de “El cuento argentino del siglo XXI“, artículo de Martín Lojo publicado en la revista ADN cultura, La Nación, febrero de 2014.

 

 

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